
lunes, 13 de diciembre de 2010
Las dudas del Carpintero

viernes, 8 de octubre de 2010
Felicidades
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Desde Julio a Septiembre
jueves, 1 de octubre de 2009
Yo nunca la vi llorar
Cuánto ha cambiado mi vida desde entonces…
Cuántas sáplicas y peticiones he depositado en tu regazo desde aquel día…
Aunque fue una mala tarde, recuerdo con especial ilusión y anhelo todo lo que de por sí me deparó aquella fecha; aunque mala también fue especial, todo hay que decirlo. Pero eso por ahora, se quedará entre la Virgen y yo.
Curiosamente, el cielo también un año después, parece que ha querido viajar en el tiempo y se ha nublado para recordar que hoy hace un año, todas las ilusiones de un año entero se chafaron en tan sólo cinco minutos. Pero para qué seguir recordando aquel día…
Mejor, pensar en que reinaste en Jerez 712 días después; mejor pensar en que esta vez te quisiste revestir de Reina para salir a la calle. Porque Jerez te necesitaba; todos los que formamos parte de tu Redil implorábamos a tu advocación para que otra vez no se repitiera la misma historia del año pasado. Porque había muchísimas ilusiones y ganas de demostrarle a Jerez que tu eres nuestra única esperanza. Son tantas cosas las vividas que se me antojan imposibles resumirlas en un solo texto.
María, sólo espero que ruegues por nosotros y que nunca nos dejes de guiar con tu báculo, para que siempre nos cuides y devuelvas la salud a tu Redil Eucarístico.
Y por último pedirte que se cumplan todas las peticiones e ilusiones que cada uno de nosotros depositamos en el corazón de tu hijo. Por lo menos, cumpliendo mi petición sabes de sobra porque no sería la primera vez que te lo pido, que volvería felizmente a sonreír. Tú ya lo sabes.
Y sin mas, y desde el cariño y la alegría de este quien os habla, se despide con un afectuoso y cariñoso abrazo de uno que siempre llevará un báculo y un sombrero en su corazón.
GRACIAS HERMANOS.
jueves, 19 de marzo de 2009
Hermano de Pertiga
Autor: Miguel Merino Aranda
lunes, 23 de febrero de 2009
Los Nazarenos son Hombres y Mujeres.
Hoy les traemos un relato de Lorenzo Calderon, extraido del blog agendalauretana.
El día que Manolito Jiménez descubrió que los nazarenos eran hombres y mujeres y que debajo de las túnicas se ocultaban profesores, administrativos, albañiles y hasta empleados del tanatorio se llevó la primera gran desilusión de su vida. Sí, la primera, porque lo de los Reyes Magos estaba cantado desde hacía ya algún tiempo.Creía Manolito en su infantil imaginación que los nazarenos eran seres de otros planetas que cada año, avisados por el perfume del azahar de los naranjos y del incienso de las iglesias, aterrizaban sus naves en la roja pista que instalaban en la calle Larga y, armados de cruces y banderas, al son de trompetas y tambores unas veces y en el más riguroso silencio otras, se apoderaban de las imágenes del Señor y de la Virgen que todo el año descansaban en la penumbra de los templos y las sacaban triunfantes a la calle para que pudieran contemplarlas toda la ciudad.Un año más, una Semana Santa más, Manolito asistía entusiasmado al rito en el que cónicos extraterrestres se adueñaban de Jerez ante la complacencia y la complicidad de todos los ciudadanos.Llegó el Viernes Santo. Con sus padres estuvo disfrutando de las Cofradías toda la tarde hasta que, ya avanzada la noche, se apostaron en una estrecha calle cercana a la Catedral. Cinco altivos nazarenos precedían a una cruz de madera y plata que servía de guía a un silencioso y compacto cortejo de aspecto frailuno, que de manera ordenada fue avanzando cadenciosamente. Pasados unos instantes, se detuvieron descansando los ardientes cirios en el suelo. De pronto, uno de aquellos seres pareció tambalearse. Un nazareno que caminaba por el centro de las estrechas filas y que llevaba colgando de su brazo izquierdo algo que parecía un simple canasto de mimbre pintado de negro pero que seguramente sería algún tipo de arma o dispositivo galáctico se acercó preguntándole en voz muy baja “¿se encuentra bien?” a lo que el otro respondió “no,.... me duele la cabeza”. Se sorprendió Manolito de que los alienígenas hablaran su mismo idioma y no aquellos extraños sonidos que emitían en las películas. Desapareció aquel nazareno volviendo al poco tiempo con una botella de agua que ofreció al que parecía indispuesto, ayudándole a levantarse el antifaz lo justo para que bebiera. ¡Qué sorpresa cuando vio aparecer por debajo de la tela el acalorado rostro de una muchacha que bebió un corto sorbo¡. El otro nazareno le preguntó casi en un susurro “¿a que ya te has puesto mejor? ¿puedes continuar?” a lo que asintió con la cabeza. Se derrumbó en ese instante su infantil ilusión de que los nazarenos eran seres de otros planetas que al olor de la primavera bajaban a la Tierra.La Cofradía retomó su camino. Aquellos penitentes, que instantes antes creía procedentes de lejanos mundos, levantaron sus cirios y con la misma silenciosa sencillez con la que habían llegado se fueron marchando pausadamente, mientras Manolito bajaba la cabeza decepcionado, desilusionado, triste...De pronto, unas amortiguadas voces, enérgicas y cariñosas a un tiempo, le sacaron de sus pensamientos: “venga la izquierda alante ... más la izquierda alante ... bueno ... venga de frente”.Levantó la mirada y, entre la fina lluvia de cera que caía de los altos cirios del último tramo, entre nubes de incienso y el rítmico rachear de alpargatas, pudo admirar la más bella representación de la Madre de Dios que había visto hasta entonces. Y de la mano de sus padres aprendió, ya para siempre, que la Soledad puede convertirse en Esperanza, el sacrificio en regalo, la muerte de Uno en Vida para todos...Y así, cuando llegó el paso, sobre el que se representaba la Soledad de Nuestra Señora en el Monte Calvario, Manolito Jiménez se prometió a sí mismo creer siempre en lo fabuloso.
Lorenzo Calderón.
Cuaresma de 2008